octubre 19, 2026

El chamanismo turco previo al islam

Tengrismo, el chamanismo turco de las estepas 

Durante siglos, mucho antes de que las mezquitas y los minaretes transformaran el paisaje visual y espiritual del centro de Asia, los pueblos turcos compartían una cosmología viva, fluida y profundamente ligada a las fuerzas invisibles de la naturaleza. Aunque a menudo se engloba bajo el término tengrismo o chamanismo turco-mongol, esta visión del mundo no constituía una religión dogmática con textos sagrados, sino una forma de experimentar la existencia en la estepa.

Para los antiguos nómadas turcos (como los goktürcos, los uygures tempranos o los jázaros), el universo no era un escenario estático, sino un organismo animado donde lo divino, lo terrenal y lo espiritual se entrelazaban continuamente.

La cosmología de los tres mundos


El universo turco chamánico estaba dividido verticalmente en tres reinos interconectados por el Árbol de la Vida (Baiterek), un eje central que unía el cielo con las profundidades de la tierra:

  1. El Mundo Superior (El Cielo): La morada de las divinidades benévolas y los espíritus celestiales. Un reino de luz pura al que aspiraban llegar las almas elevadas.

  2. El Mundo Medio (La Tierra): Donde habitaban los seres humanos, los animales y los espíritus de la naturaleza. Era el espacio sagrado de la vida cotidiana.

  3. El Mundo Inferior (El Inframundo): Un reino subterráneo de oscuridad y juicio, habitado por espíritus ancestrales severos y controlado por entidades asociadas al castigo y las pruebas de las almas.

Las divinidades y las fuerzas tutelares


En el centro de este panteón se encontraba Tengri (o Tänri), el Gran Dios del Cielo Azul Infinito. Tengri no era una entidad antropomórfica con pasiones humanas, sino el concepto mismo del cielo eterno, la fuente del orden cosmólogico y la fuerza suprema que otorgaba el derecho de gobernar a los janes (Kut).

Junto a Tengri, destacaban otras fuerzas fundamentales:

  • Umay: La diosa madre de la fertilidad, el hogar y la protección de las mujeres y los niños. Umay representaba la calidez maternal, la tierra fecunda y la preservación de la vida.

  • Yer-Sub: Los espíritus de la «Tierra y el Agua». No eran dioses lejanos, sino la esencia sagrada que habitaba en las montañas, los ríos, las rocas y las arboledas. Los cazadores y pastores turcos pedían permiso y ofrecían libaciones antes de cruzar un río o cazar un animal, reconociendo a los Yer-Sub como los verdaderos dueños del paisaje.

  • Erlik Khan: El señor del inframundo y juez de los muertos. Lejos de ser un equivalente directo del diablo judeocristiano, Erlik representaba la muerte, la enfermedad y la necesidad de equilibrios espirituales duros. Era una fuerza a la que se respetaba y apaciguaba mediante rituales específicos.

El Chamán (Kam): El mediador entre mundos

En las comunidades turcas, la figura central del ámbito espiritual no era un sacerdote con poder dogmático, sino el Kam (término tradicional turco para el chamán).

El kam era un sanador, vidente, guardián de la memoria del clan y ecualizador de fuerzas espirituales. Su función principal era mantener la armonía entre el Mundo Medio y los otros dos reinos.

  • El Viaje Extático: A través del ritmo constante del tambor sagrado (dolu), cantos guturales y el uso de plantas o rituales de transe, el kam separaba su alma de su cuerpo para viajar al cielo a consultar con Tengri o descender al inframundo para negociar el retorno de un alma enferma.

  • El Tambor Sagrado: Más que un instrumento musical, el tambor era la herramienta chamánica por excelencia. Estaba decorado con mapas del cosmos (símbolos del sol, la luna, el árbol cósmico y animales sagrados) y actuaba como la «montura» en la que el chamán volaba hacia otros reinos.

Ritos, respeto a la naturaleza y costumbres cotidianas

El chamanismo turco no se practicaba únicamente en ceremonias solemnes, sino en las acciones más pequeñas del día a día:

  • El fuego sagrado (Ot): El fuego era considerado una fuerza purificadora. Los visitantes o los embajadores que llegaban a los campamentos de los janes debían pasar entre dos hogueras rituales para limpiar cualquier mala intención o espíritu nocivo antes de ser recibidos.

  • El culto a los ancestros (Yol): Las almas de los antepasados velaban por la tribu. Se levantaban monumentos de piedra llamados balbals en honor a los guerreros fallecidos, sirviendo como recordatorio de la continuidad entre las generaciones pasadas y presentes.

  • El respeto ecológico: Derramar leche o sangre directamente sobre la tierra, ensuciar el agua corriente o cortar un árbol sin necesidad se consideraban afrentas graves a los espíritus Yer-Sub, capaces de atraer infortunio sobre todo el clan.

El legado invisible

Con la conversión progresiva de las tribus turcas al islam a partir del siglo VIII (un proceso que culminó entre los siglos X y XIV), las mezquitas reemplazaron los altares en las colinas y el monoteísmo islámico absorbió la figura central de Tengri (cuyo nombre aún se utiliza en turco moderno, Tanrı, para referirse a Dios).

Sin embargo, el sustrato chamánico no desapareció; simplemente se transformó:

  • La reverencia por los santos sufíes y sus tumbas en las montañas guarda un paralelismo directo con el culto a los lugares sagrados de la naturaleza.

  • Prácticas tradicionales como atar cintas de tela a las ramas de árboles pidiendo deseos (alġış), el uso de amuletos contra el mal de ojo (nazar boncuğu) o verter agua tras alguien que sale de viaje para desearle buen camino son huellas vivas del antiguo chamanismo que perduran en la Turquía y Asia Central contemporáneas.

Las creencias chamánicas de los antiguos pueblos turcos nos recuerdan una época en la que la humanidad no se concebía como la dueña de la naturaleza, sino como una humilde viajera en un universo vivo, bajo la mirada eterna del Gran Cielo Azul.

Sufismo: conexiones y similitudes estructurales


Cuando los pueblos turcos de las estepas se convirtieron gradualmente al islam (entre los siglos IX y XIII), no abandonaron de golpe sus patrones culturales y neurológicos de vivencia espiritual. En su lugar, el sufismo —la rama mística del islam— sirvió como el puente perfecto para integrar sus antiguas prácticas dentro del marco monoteísta:

  1. El trance como vehículo de conexión: Tanto el kam (chamán turco) como el derviche utilizan el movimiento repetitivo y el ritmo para alterar el estado de conciencia. Mientras que el chamán buscaba entrar en trance (vijdān o viaje extático) para comunicarse con los espíritus o Tengri, el derviche entra en un estado de arrobamiento (wajd) para vaciarse del ego y experimentar la presencia divina.

  2. La música y la voz repetitiva (Dhikr): En el chamanismo estepario, el ritmo monótono del tambor (dolu) y los cantos repetitivos eran el «combustible» del viaje espiritual. En las cofradías sufíes turcas, esto se transformó en el Dhikr (la repetición continua de los nombres de Dios) acompañado por instrumentos como el ney (flauta de caña) y los tambores, creando una atmósfera sonora idéntica en su función de inducir el trance.

  3. La simbología del movimiento y el Cosmos: El giro giratorio de los derviches (Sema) simula el movimiento de los astros y los planetas alrededor del centro cósmico (Dios). En la cosmovisión chamánica, el universo giraba continuamente alrededor del Eje del Mundo o Árbol Cósmico. Además, los derviches giran manteniendo la mano derecha abierta hacia el cielo (para recibir la bendición divina) y la mano izquierda orientada hacia la tierra (para transmitirla a los hombres), una clara reconfiguración del esquema chamánico de unir el Mundo Superior con el Mundo Medio.

  4. El vestuario ritual: La vestimenta del derviche tiene un significado simbólico similar al traje chamánico: la túnica blanca (tennure) representa la mortaja del ego, el abrigo negro representa la tumba terrenal, y el alto sombrero de fieltro (sikke) simboliza la lápida del ego o el eje vertical hacia el cielo.

La diferencia fundamental: El propósito espiritual

A pesar de estas profundas influencias en las formas y el método, existe un cambio drástico en la finalidad de la danza:

  • Para el chamán turco: La danza era un acto utilitario y chamánico. Viajaba a otros mundos para curar a un enfermo, guiar el alma de un difunto, predecir el futuro o pedir lluvias a los Yer-Sub. Había una negociación o interacción con entidades espirituales concretas.

  • Para el derviche sufí: La danza es un acto devocional y místico. No se busca obtener favores terrenales ni interactuar con espíritus, sino la aniquilación del ego (fana) en el amor divino. Es una meditación en movimiento puramente teocéntrica.

El papel clave de las órdenes sufíes turcas

Este sincretismo fue especialmente evidente en órdenes como la Bektashí y la Yassawí (fundada por Ahmed Yasawi en el siglo XII, considerado el padre del sufismo turco). Yasawi predicó el islam a las tribus nómadas utilizando la lengua turca (en lugar del árabe o persa) e integró abiertamente la música, los cantos colectivos y las danzas en las ceremonias, permitiendo que la sensibilidad espiritual de la estepa sobreviviera bajo un manto islámico.

En conclusión, el baile de los derviches no es una simple copia o supervivencia directa del chamanismo, sino una redefinición sublime: la antigua danza de trance de las estepas euroasiáticas fue despojada de sus elementos animistas y reespiritualizada dentro de la metafísica del sufismo islámico.


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