enero 13, 2026

Himilcón: el navegante cartaginés que se adentró en el océano desconocido


Himilcón encarna una exploración discreta, estratégica y profundamente cartaginesa. 
Su viaje amplió los límites del mundo conocido y dejó una huella duradera 
en la imaginación geográfica de la Antigüedad.


Mucho antes de que Roma impusiera su dominio sobre el Mediterráneo occidental, y siglos antes de las grandes exploraciones medievales, los cartagineses ya habían dirigido su mirada más allá del horizonte conocido. Entre ellos destaca una figura envuelta en silencio, niebla y misterio: Himilcón, el navegante cartaginés que se internó en el Atlántico septentrional cuando ese océano aún era considerado el confín del mundo.

Su viaje no pertenece al terreno de la leyenda tardía, sino a un momento histórico muy concreto: finales del siglo VI a. C. o comienzos del siglo V a. C., en pleno período arcaico tardío. Es decir, hace unos 2.500 años, cuando Cartago se hallaba en la cúspide de su poder marítimo.

Cartago y el dominio del mar

Cartago, heredera directa de la tradición fenicia, era una civilización profundamente marítima. Su riqueza no se basaba en la conquista territorial, sino en el control de rutas comerciales, puertos estratégicos y, sobre todo, en el secreto náutico.

En torno al 550–480 a. C., Cartago dominaba:

  • El Mediterráneo occidental

  • Las rutas hacia el sur de Iberia

  • Sicilia occidental y Cerdeña

En ese contexto, la exploración atlántica no fue una empresa temeraria, sino una decisión estratégica. El objetivo era claro: acceder directamente a las fuentes de metales del Atlántico —especialmente el estaño— sin depender de intermediarios y manteniendo alejados a los competidores griegos.

Un viaje hacia el norte

A diferencia de otros exploradores antiguos, no conservamos el relato directo del viaje de Himilcón. Su expedición nos ha llegado de forma fragmentaria a través de autores latinos posteriores, en especial Rufo Festo Avieno, que en el siglo IV d. C. recopiló antiguas tradiciones púnicas en su obra Ora Marítima.

Según estas fuentes, Himilcón cruzó las Columnas de Hércules y se adentró en un océano descrito como:

  • Lento y casi inmóvil

  • Cubierto de algas

  • Envuelto en nieblas persistentes

  • Peligroso por la falta de vientos

Estas imágenes del Atlántico como un mar espeso y hostil reflejan, en parte, las dificultades reales de navegación en esas latitudes, pero también parecen responder a una intención clara: desalentar a otros pueblos de seguir esas rutas.

¿Hasta dónde llegó Himilcón?

Aunque no podemos trazar su ruta con precisión absoluta, la mayoría de los investigadores coincide en que Himilcón alcanzó:

  • El noroeste de la península Ibérica

  • Las costas atlánticas de Galicia

  • Regiones del litoral de Bretaña

  • Zonas vinculadas al comercio del estaño de las llamadas islas Casitérides, tradicionalmente asociadas al Atlántico europeo y a Cornualles

Este comercio ya estaba activo antes del siglo V a. C., lo que encaja perfectamente con la cronología propuesta para Himilcón y refuerza la idea de que Cartago poseía un conocimiento temprano y directo del Atlántico norte.

El paralelo con Hanón

La figura de Himilcón suele situarse como contemporánea de Hanón el Navegante, quien exploró el Atlántico africano en fechas similares. Ambos representan las dos grandes direcciones de la política marítima cartaginesa:

  • Hanón hacia el sur

  • Himilcón hacia el norte

Este paralelismo refuerza la datación del viaje en torno a los siglos VI–V a. C., cuando Cartago buscaba consolidar su hegemonía marítima más allá del Mediterráneo.

El silencio como estrategia

Uno de los aspectos más fascinantes del legado de Himilcón es que su viaje no abrió rutas públicas ni colonias visibles. Al contrario, tras su expedición, el Atlántico quedó envuelto en una reputación de mar impracticable.

Este silencio no fue casual. Crear el miedo al océano era una forma eficaz de proteger un monopolio comercial. Mientras griegos y romanos evitaban esas aguas, Cartago seguía explotándolas en la sombra.

Entre la historia y el mito

Himilcón no fundó ciudades ni dejó inscripciones. Su nombre nos llega apenas como un eco antiguo, pero su importancia es profunda: representa el momento en que el mundo mediterráneo comenzó a intuir que más allá del horizonte occidental no había vacío, sino tierras, pueblos y rutas comerciales.

En ese sentido, Himilcón fue un precursor olvidado de las exploraciones atlánticas, un navegante que, siglos antes de que el Atlántico se convirtiera en puente entre mundos, lo recorrió cuando aún era considerado un abismo.



Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...