El arte anglosajón es aquel que se generó en la Gran Bretaña desde finales del siglo V hasta la Invasión Normanda, habiéndose elaborado tanto pinturas como esculturas, así como también arquitectura.
Antes del siglo IX, el manuscrito ilustrado fue el estilo artístico predominante con dos tendencias distintas: una cultivada en Canterbury donde se producían obras según la tradición clásica, traída a Inglaterra por los misioneros romanos; y otra corriente más influencial practicada en Northumbria donde se realizaban obras inspiradas por el estimulo del aprendizaje que inculcaron los predicadores irlandeses.
Las formas curvilíneas, las espirales y los patrones entrecruzados del arte celta introducido por los monjes irlandeses, fueron integrados a la ornamentación abstracta y colorida de la metalistería tradicional anglosajona. Después de los resultados destructivos de las invasiones danesas del siglo IX, los monasterios fueron revitalizados y el interés por la arquitectura mejoró.
La actividad edificadora consistía de pequeñas iglesias influenciadas por los estilos de la Europa continental, particularmente el de Francia, por ejemplo, la original abadía de Westminster creada entre los años 1045 y 1050, que fue reconstruida en 1245. La restauración monástica trascendió en la producción de muchos libros y la instauración del "estilo Winchester" a finales del siglo X.
Tala del Roble de Donar, pintura de 1737 en Schliersee
El Árbol de Donar: del roble sagrado a la cuna de un monasterio
En el corazón de la antigua Germania, mucho antes de catedrales y campanarios, se alzaba un árbol que dominaba tanto el paisaje como el imaginario religioso de sus habitantes: el Donareiche, el roble de Donar.
Donar, dios del trueno entre los germanos (conocido como Thor en la mitología nórdica), era una de las deidades más veneradas del panteón pagano. Su árbol sagrado, un imponente roble, estaba consagrado a él y funcionaba como santuario, punto de reunión y símbolo de identidad religiosa para la tribu de los chatti, ancestros de los actuales habitantes de Hesse, en el centro de Alemania.
Geismar: un santuario bajo la copa del roble
El Donareiche se encontraba en el poblado de Geismar, un lugar que hoy forma parte de la ciudad de Fritzlar, en el norte de Hesse. Allí, bajo su copa, la comunidad celebraba rituales, ofrecía sacrificios y se vinculaba con lo sagrado sin necesidad de templos de piedra. El roble era, en sí mismo, un templo viviente.
Para los chatti y otros pueblos germánicos, los árboles y los bosques sagrados eran espacios fundamentales de culto. En ellos se concentraba el poder de los dioses, y el roble de Donar era uno de los más importantes lugares de veneración del paganismo germánico. Atentar contra ese árbol no era solo dañar la naturaleza: era desafiar directamente a la divinidad y, con ella, a toda la comunidad.
La llegada de Bonifacio y el choque de religiones
En el año 723, Bonifacio, misionero anglosajón decidido a cristianizar las tribus germánicas del norte, llegó a la región de Hesse. Estableció su base de operaciones en el campamento fortificado franco de Büraburg, situado en la orilla opuesta del río Eder, frente a Geismar.
Bonifacio sabía que el Donareiche no era un árbol cualquiera: era el corazón religioso de la zona. Su plan misionero no se limitaba a la predicación; buscaba una demostración pública de poder espiritual. Según la tradición, decidió talar el roble sagrado precisamente para mostrar la “superioridad” del Dios cristiano frente a Donar.
El acto tuvo un enorme carácter simbólico. Derribar el roble era, en la mentalidad de la época, provocar a la divinidad del trueno: si Donar era realmente poderoso, debía castigar a quien osara destruir su árbol. Al no ocurrir nada —ningún rayo fulminador, ninguna catástrofe inmediata— Bonifacio aprovechó la situación para argumentar que el Dios cristiano estaba por encima de los antiguos dioses, invitando así a los habitantes locales a bautizarse y abrazar la nueva fe.
De árbol sagrado a capilla cristiana
La historia no termina con la caída del árbol. Bonifacio reutilizó la madera del Donareiche para construir una capilla en Fritzlar. Este gesto cerraba el ciclo simbólico: la materia del antiguo culto servía de cimiento físico y espiritual para el nuevo. Sobre esas bases se fundó un monasterio benedictino, que se convirtió en un centro clave de la expansión cristiana en la región.
Con la creación de este monasterio se estableció también la primera diócesis fuera de las fronteras del antiguo Imperio Romano. Fritzlar y sus alrededores se transformaron así en un punto neurálgico de la cristianización de Germania, al tiempo que el mundo pagano retrocedía ante la nueva estructura eclesiástica.
Un símbolo de cambio de era
La historia del Árbol de Donar es mucho más que una anécdota sobre un roble talado. Representa el choque entre dos mundos: el de la religiosidad pagana vinculada a la naturaleza y el de un cristianismo que se afirmaba con fuerza, apoyado por el poder franco y por la organización monástica.
En un solo gesto —la tala del roble, la construcción de una capilla y la fundación de un monasterio— se concentraron siglos de transformación religiosa, política y cultural. El Donareiche quedó en la memoria como un símbolo de ese tránsito, del paso de los antiguos dioses del bosque al Dios de las iglesias de piedra.
Hoy, cuando miramos hacia Geismar y Fritzlar, no vemos ya aquel árbol milenario. Pero su historia sigue en pie, recordándonos que los paisajes que habitamos están llenos de huellas invisibles: antiguos lugares sagrados, creencias olvidadas y gestos que marcaron el rumbo de la historia europea.
• Introducción al número: la evolución de la guerra de asedio, por Rubén Saez Abad
• Las murallas de Constantinopla, por Hilario Gómez Saafigueroa
• Septimio Severo y el asedio de Bizancio de 193-195, por Julio Rodríguez González
• Barbari ad portas: El sitio ávaro-sasánida del 626, por Aitor Fernández Delgado
• El primer ataque árabe contra Constantinopla: 668-678
• La población civil en los sitios, por José Manuel Rodriguez García, profesor de Historia Medieval, UNED
• Los asedios de Constantinopla 1203-1204, por Francisco García Fitz, profesor de Historia Medieval, Universidad de Extremadura
• 1453: la caída de Constantinopla, por Feridun Emecen, profesor de la Istanbul Üniversitesi, Turquía
• Reseñas de libros, miniaturas y juegos.
• Y además, introduciendo el nº 5: La campaña de Pompeyo contra los piratas, por Carlos Javier Pacheco López
DESPERTA FERRO EN SER HISTORIA
Entrevista a Alberto Pérez, co-editor de DESPERTA FERRO en el programa SER Historia, sobre de la importancia de la historia militar para conocer el pasado y de la manera de documentarla y entenderla. El podcast tiene otras entrevistas y la intervención de Alberto comienza en el minuto 42:50.
En el valle del río Ach, al sur de Alemania, se ha encontrado una flauta tallada en el hueso de un ala de un buitre gigante. Pertenece a la cultura Auriñaciense (Paleolítico superior) y es parte del tesoro de la cueva Hohle Fels (Roca Hueca), donde también fueron encontrados una Venus de marfil y un Falo de piedra.
La tumba de un hombre fechada en torno al 2.300 aC fue descubierta a unos 5 km de Stonehenge por personal de Wessex Archaeology en Mayo del 2002. Por su valor arqueológico, esta tumba de la Edad de Bronce es una de las más valiosas encontradas en Gran Bretaña y la que contiene los primeros objetos de oro, lo que también indica el alto estatus del fallecido. Los medios de comunicación lo llamaron el Arquero de Amesbury o el rey de Stonhenge.
Los análisis de estos huesos determinaron que el hombre tenía alrededor de 40 años, era de complexión fuerte y había sufrido un accidente en su rodilla izquierda, lo que le obligaba a cojear. También que no era originario de la isla sino de Europa Central, posiblemente de la región de los Alpes.
Cerca de esta tumba se encontró otra de un hombre de unos 25 años con algunos objetos similares, aunque lo más curioso fue encontrar una parecida estructura ósea, por lo que se ha especulado que pudieran ser padre e hijo. El análisis dental confirma igualmente su procedencia continental y su crecimiento en territorio británico.
Tanto el esqueleto como los objetos de la tumba (fragmentos de cerámica, puntas de flecha, cuchillos de cobre, espátula de cuerno, colmillos de jabalí, adornos de oro) están expuestos en el Salisbury Museum.
Descripción del podcast:
Las obras del ferrocarril Karachi-Lahore, en Pakistan, decubrieron al mundo una civilización desaparecida contemporánea de las primeras dinastias egipcias. Tras un viaje por gran parte del pais, llegaremos a las ruinas de Mohenjo Daro, la que fue capital de ese imperio. Allí descubriremos que la Civilización del valle del Indo era diferente a cualquier otra, descorcentante en lo urbanistico y social, insólitamente "moderna", pero, ademas, depositaria de dos enigmas para los que aún no hay solución. Uno le conecta nada menos que con la lejana isla de Pascua, y el otro, con una mítica criatura medieval: el unicornio
comparación de inscripciones del Valle del Indo y la Isla de Pascua
Las civilizaciones más antiguas del subcontinente indio emergieron en el valle del Indo, alrededor del 2500 a. C. y abarcaban cerca de un centenar de aldeas y dos ciudades importantes: Harappa y Mohenjo-Daro. Estas aldeas en conjunto dominaban el área más extensa de todas las civilizaciones antiguas: más de un millón de kilómetros cuadrados.
Esta cultura tuvo varias etapas.
Al igual que las civilizaciones de la Mesopotamia y Egipto, dependían de su río. Como el Nilo, el Indo se desbordaba todos los años, inundando extensas zonas y depositando sedimentos fértiles. Este inmenso potencial agrícola fue la base sobre la cual se desarrolló el urbanismo en torno al río Indo.
Con las culturas prehistóricas del valle del Indo se prepara el primer capítulo de la historia de la India. Se trata de un largo periodo prehistórico, probado por testimonios líticos. Por otra parte, se pueden encontrar vestigios prehistóricos hasta el primer milenio a. C., es decir, hasta un tiempo en que la península ya había entrado en la historia. En sentido estricto, las culturas del Indo pertenecen a la prehistoria, ya que solamente han dejado restos arqueológicos, sin documentos literarios. Pero, para apreciar la historia india hace falta tomar en consideración estas culturas urbanas pre-arias.
El colapso de esta civilización pudo obedecer a cambios climáticos, o a una variación del curso del río, alrededor del 1500 a. C. Los signos del colapso son anteriores a las invasiones del pueblos indoeuropeos procedentes de las estepas, que con gran facilidad se adueñaron de la región gracias a las armas de bronce y los carros de combate.