julio 31, 2008

Mitología griega

La mitología griega: relatos, dioses y humanidad

Cuando hablamos de mitología griega no nos referimos a una “religión” en el sentido moderno del término, con dogmas fijos y un libro sagrado, sino a un conjunto de relatos que se remontan a épocas muy anteriores a la ocupación de la península griega. Sabemos que sus raíces son profundas porque muchos de sus temas, figuras y estructuras narrativas presentan claros paralelismos con otras mitologías de origen indoeuropeo, como la india o la nórdica.

Homero, Hesíodo y otros autores posteriores describieron a los dioses como auténticos arquetipos de la humanidad.


Estos mitos nacieron y circularon durante siglos de forma oral. Los aedos y rapsodas (poetas y recitadores) los transmitían de generación en generación, modificándolos, adaptándolos y enriqueciéndolos según el público, la región o el momento histórico. No eran “cuentos infantiles”, sino relatos que explicaban el origen del mundo, el lugar del ser humano en el cosmos, el sentido del sufrimiento, la muerte o la justicia divina.

Con el tiempo, algunos de estos relatos fueron “fijados” por escrito por poetas, lo que explica que hoy conservemos distintas versiones de una misma historia. El mito no era algo cerrado: era un tejido vivo, que cada época reinterpretaba a su manera.

Los dioses griegos: humanos, demasiado humanos

Una de las características más llamativas del panteón griego es que sus dioses adoptan formas humanas. No son fuerzas abstractas, indescifrables, sino figuras reconocibles, con cuerpo, rostro, pasiones y defectos. Personifican las fuerzas del Universo —el mar, el cielo, la guerra, el amor, la muerte—, pero lo hacen con un marcado carácter antropomórfico.

Esa humanización llega tan lejos que los dioses se comportan de forma impredecible, igual que los hombres. A veces muestran un hondo sentido de la justicia; otras, son crueles, rencorosos o abiertamente caprichosos. Protegen a unos héroes y castigan a otros por motivos que no siempre resultan “morales” desde nuestra mirada actual.

El ser humano podía intentar ganarse su favor mediante sacrificios, ofrendas y actos de piedad. Los templos, los altares familiares, los rituales cívicos y las fiestas religiosas eran espacios de encuentro con lo divino. Pero nada garantizaba el éxito: la voluntad de los dioses era voluble, y ese margen de imprevisibilidad formaba parte de la visión griega del mundo. Vivir era, en buena medida, aprender a moverse en un cosmos donde lo divino podía ayudar… o arrasar.

Homero, Hesíodo y la “organización” del Olimpo

El historiador Heródoto afirma que fueron Homero y Hesíodo quienes dieron nombre a los dioses, les asignaron sus funciones y les otorgaron una forma reconocible. Es decir, ellos habrían contribuido de manera decisiva a “ordenar” el panteón tal y como lo conocemos: Zeus como rey de los dioses, Atenea como diosa de la sabiduría, Ares como dios de la guerra, Afrodita como diosa del amor, etc.

Sin embargo, conviene matizar el papel de estos poetas. Cuando Homero y Hesíodo componen sus obras —entre los siglos IX y VIII a. C., aproximadamente entre 850 y 750 a. C.— no inventan desde cero, sino que recogen una tradición oral muy anterior. Su mérito no está tanto en crear los mitos, sino en fijar por escrito una parte de ese universo narrativo y darle una forma literaria que se volverá canónica.

Aun así, ni siquiera sus versiones son las únicas: a lo largo de la Antigüedad continuaron surgiendo variantes, nuevas genealogías divinas y reinterpretaciones locales de los mismos dioses.

Arquetipos divinos y arte griego

Homero, Hesíodo y otros autores posteriores describieron a los dioses como auténticos arquetipos de la humanidad. Cada dios encarna rasgos, virtudes y defectos reconocibles en la experiencia humana: la sabiduría estratégica (Atenea), la violencia irreflexiva (Ares), el deseo y la atracción (Afrodita), la astucia (Hermes), la furia del mar (Poseidón) o la ambición de poder (Zeus).

El arte griego, y en particular la escultura, se encargó de dar cuerpo a estos arquetipos con una perfección formal que todavía hoy se considera modelo estético. Las estatuas de dioses olímpicos no son simples “retratos” religiosos, sino también ideales de belleza humana. El cuerpo masculino y femenino se presentan como medida, armonía y proporción, mientras que el rostro suele transmitir serenidad, control y dignidad, incluso cuando el mito que hay detrás habla de celos, violencia o venganza.

Pero esa idealización formal no debe engañarnos: los dioses no solo son modelos de perfección física, también reflejan la complejidad de la realidad humana y de la experiencia religiosa griega. En ellos se mezclan la grandeza y la miseria, la luz y la sombra. Justamente por eso sus historias han seguido resultando sugerentes durante siglos: nos devuelven, en clave mítica, una imagen de nosotros mismos.

En definitiva, la mitología griega es un espejo antiguo donde los griegos contemplaban el mundo y se contemplaban a sí mismos. A través de sus dioses y relatos intentaron explicar lo inexplicable, dar forma narrativa a sus temores y esperanzas, y dotar de sentido a un universo en el que el ser humano nunca ha dejado de buscar su lugar.

(CC) Manuel Velasco / blog La Memoria del Viento


Esquema de las tres primeras generaciones de dioses griegos



Breve historia de la Antigua Grecia
Rebeca Arranz Santos
Ed. Nowtilus


La historia de un pueblo que supo mezclar democracia y esclavitud, conocimiento y mitología y belleza y violencia, convirtiéndose así en la cuna de la civilización occidental

La Grecia clásica, entre la mitología y la realidad, donde dioses y hombres convivieron y lucharon entre sí para hacerse un lugar en la posteridad, mientras artistas y filósofos ponían los pilares de la civilización occidental. Desde su origen en unas pequeñas islas mediterráneas hasta su expansión con las conquistas de Alejandro Magno.

Un recorrido por la historia de la Grecia antigua, descrita de una forma amena y rigurosa, para conocer un período clave para la formación del mundo moderno



julio 28, 2008

Mitología eslava: Perun y Veles

La leyenda de Perun está irremediablemente ligada a la de Veles/Volos. Ambos constituyen una oposición clara en casi todas las fuentes: Perun es el dios celestial del trueno y el rayo, fiero y seco, que gobierna el mundo de los vivos desde su ciudadela en las alturas, situada en la rama más alta del Árbol del Universo. Veles por el contrario es un dios ctónico, asociado con las aguas, terrenal y húmedo, señor del submundo, que gobierna el reino de los muertos desde abajo, en las raíces del Árbol del Universo. Perun le da lluvia a los granjeros, es el dios de la guerra y las armas y es invocado por todos los que luchan. Veles es el dios del ganado, protector de los pastores, asociado a la magia y al comercio. Perun da el orden, Veles causa el caos.

La batalla cósmica entre los dos recuerda al antiguo mito indoeuropeo de la lucha entre el dios de las tormentas y el dragón. Atacando con sus rayos desde el cielo, Perun perseguía a la serpiente Veles, que se deslizaba hacia las profundidades de la tierra. Veles insultó a Perun y huyó transformándose en varios animales, escondiéndose tras árboles, casas o personas. Al final, Perun da con él o escapa al agua con dirección al submundo; básicamente es lo mismo: al matar a Veles, Perun no lo destruye realmente, sino que lo devuelve a su lugar de origen, al mundo de los muertos. Así, el orden del mundo, cambiado por la travesura de Veles, es establecido de nuevo por Perun. La idea de que las tormentas y los truenos son una batalla divina entre el dios supremo y su acérrimo enemigo fue crucial para los eslavos, incluso después de que Perun y Veles fueran reemplazados por Dios y el Diablo. El rayo que golpea un árbol o que quema la casa de un campesino se explicaba siempre como un dios del cielo furioso atacando a su enemigo terrenal, ctónico.

Podemos encontrar estas Gromoviti znaci o marcas del trueno en ocasiones sobre los tejados de las casas para protegerlos de los rayos. Símbolos idénticos han sido descubiertos en la cerámica proto eslava del siglo IV (Cultura de Cherniajov). Se piensa que fueran símbolos del dios supremo del trueno, Perun.
Podemos encontrar estas Gromoviti znaci Perun o marcas del trueno en ocasiones sobre los tejados de las casas para protegerlos de los rayos. Símbolos idénticos han sido descubiertos en la cerámica proto eslava del siglo IV (Cultura de Cherniajov). Se piensa que fueran símbolos del dios supremo del trueno.


Iván Bilibin, Perún contra Veles.
La excusa que explicaba la enemistad de ambos dioses era el robo del ganado de Perun por parte de Veles o viceversa (aunque si Veles era el dios protector del ganado, no queda claro el asunto de la propiedad del mismo según este mito). El motivo mismo de robar ganado divino es muy común en la mitología indoeuropea: el ganado, de hecho, puede entenderse como una simple metáfora de las aguas celestiales o la lluvia. Así, Veles roba el agua de lluvia de Perun o viceversa, lo que de nuevo lleva a la confusa asociación de Veles con las aguas y de Perun con el cielo y las nubes, ya que no se sabe bien a quién pertenecería la lluvia. Otra razón que explicaría esta enemistad puede ser el robo de las esposas. Parece quedar claro, según referencias folclóricas, que se consideraba al Sol como la esposa de Perun. Sin embargo, dado que el Sol en la visión mítica del mundo muere cada noche y desciende más allá del horizonte hacia el submundo, donde pasa la noche, los eslavos entendían este fenómeno como el robo de la esposa de Perun por parte de Veles, aunque de nuevo podría entenderse el renacimiento del Sol por la mañana como el robo de la esposa de Veles por parte de Perun.

+ info wikipedia



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